Enric Barba
El dilema del innovador
Mi buen amigo Xavier Ferrás, autor del libro Innovación 6.0 (Plataforma Editorial, 2010) cuya lectura les recomiendo, publicaba el pasado día 10 en su blog http://xavierferras.blogspot.com/ , un excelente post: ”Tecnologías asesinas” , que enlaza con el mío dedicado a Kodak.“Estos días hemos asistido al dramático final de Kodak” …dice Ferrás, “Inventora de la cámara fotográfica manual, realizó también los primeros desarrollos en lo que más tarde se convertiría en su tecnología asesina: la fotografía digital. Pero no quiso ver el futuro.
¿Cuántas veces ha pasado esto en la industria? El líder, quien
ostenta la posición dominante, quien controla los canales de
distribución, quien dispone de mayores recursos de I+D, quien tiene la
mayor notoriedad de marca, sucumbe dramáticamente ante una nueva
tecnología invasiva.
Las empresas que dominaban el mercado del telégrafo en USA no
fueron capaces de interpretar el potencial del teléfono. Al fin y al
cabo, en sus orígenes, el teléfono era un dispositivo ruidoso y de bajo
rango, que además no necesitaba morse (obviamente, los primeros
interesados en no “ver” el futuro eran los especialistas en morse).
Olivetti, líder en el mercado de las máquinas de escribir, no
adivinó que la combinación de una serie de tecnologías extrañas
(microprocesadores y memorias electrónicas) iba a cambiar radicalmente
el paradigma: ¡escribir y obtener el papel escrito no tenían por qué
tener las mismas coordenadas espaciales y temporales! Y el procesador de
texto barrió del mapa, en pocos años, el mercado de las máquinas de
escribir.
RCA o Sylvania, empresas líderes en la electrónica basada en
válvulas de vacío sucumbieron ante la llegada de los semiconductores, y
fueron superadas por jóvenes start-up’s como Motorola o Intel, que desarrollaban auténticas tecnologías asesinas de los viejos modelos de negocio. “
Como bien explica Ferrás, citando a Clayton Christensen, autor de The Innovator’s Dilemma, ” la causa del fracaso no es que estas empresas estuvieran repletas de malos técnicos y directivos.Sino todo lo contrario.
Precisamente por disponer de excelentes técnicos y
directivos, que habían triunfado bajo el paradigma del pasado,
fracasaban bajo unas nuevas reglas del juego. Dichas empresas eran
prisioneras de sus clientes (que buscaban soluciones de continuidad,
mejoras en los productos preexistentes) y de sus inversores (que no
querían escuchar aventuras arriesgadas). Eran prisioneras de sus
procesos, de sus modelos de negocio y de sus canales comerciales. Eran,
en definitiva, prisioneras de su experiencia.
Las claves del éxito del pasado eran la garantía del fracaso del futuro.
Los dinosaurios eran demasiado grandes para caer (“too big to fail”).
Y, sin embargo, se esfumaron de la faz de la tierra ante un
acontecimiento inesperado (la caída de un meteorito que alteró
profundamente el clima). Fueron los mamíferos, más pequeños y
adaptativos, los que lideraron el cambio de régimen.
Si la cita de Heráclito es cierta (“lo único que permanece es el cambio”),
entonces la experiencia deja de ser un activo, y emergen la
flexibilidad, la adaptabilidad y la innovación como capacidades
competitivas fundamentales en el mundo del siglo XXI.”
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